Nadie puede estar por encima del sistema

La democracia ha estado sometida a toda clase de amenazas, principalmente por oportunistas.

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José Adolfo Torres - Expresidente del Centro de Estudios Jurídicos

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Hemos cumplido 30 años de haber firmado la paz en El Salvador, la cual puso fin a una cruenta guerra civil originada por graves violaciones a los derechos humanos. El fin de la guerra trajo consigo un aliento de esperanza a una sociedad cansada de vivir históricamente bajo atropellos a la vida, a sus derechos sociales, económicos, políticos y de justicia.

El denominado documento "Acuerdo de Paz", que sirvió de instrumento político para cesar la guerra, planteó entre otros, las bases para impulsar la democratización del país, garantizar el irrestricto respeto a los derechos humanos y reunificar la sociedad salvadoreña. Este acuerdo de Nación, como algunos le llaman, trajo a la mesa de ese entonces la urgente necesidad de atender prioritariamente las instituciones que deberían ser transformadas o reestructuradas para corregir y evitar en el futuro la violación a esos derechos humanos, uno de ellos fue el capítulo relativo al sistema judicial.

Este capítulo consideró la necesidad de llevar adelante reformas a la Ley del Consejo Nacional de la Judicatura, a fin de que fuese integrado de manera que asegure su independencia de los demás órganos del Estado y de los partidos políticos. Para ello se creó una Escuela de Capacitación Judicial, para el continuo mejoramiento de la formación profesional de los jueces, así como para los integrantes de la Fiscalía General de la República. Fue reformada la Constitución sobre la manera de seleccionar y elegir candidatos para magistrados a la Corte Suprema de Justicia, se dotó al Órgano Judicial de una asignación presupuestaria del 6 % conforme al Presupuesto General de la Nación, para que pudiese alcanzar la estatura de una alta magistratura garante de impartir justicia.

Para 1994 fue elegida la primera Corte Suprema de Justicia, fruto de esas reformas, presidiendo el Órgano Judicial de entonces el doctor José Domingo Méndez y destacados abogados reconocidos en el mundo jurídico y social de la época. Recuerdo haber participado gremialmente en las luchas que nos permitieron revindicar los anhelos de justicia, de contar con una verdadera independencia judicial y la búsqueda de una CSJ conformado por los mejores hijos de El Salvador.

A lo largo de estos años 28 años, de la primera Corte Suprema de Justicia post Acuerdos de Paz, el sistema judicial ha tenido aciertos y desaciertos, pero han sido más los aciertos para afirmar que el Órgano Judicial, hoy amenazado, se encaminaba en una recuperación del viejo autoritarismo abusivo, corrupto y violador de los derechos humanos. En el pasado, las cortes de entonces eran controladas desde casa presidencial, esta auspiciada por los militares de turno y un poder de facto, que a su vez controlaba los tres órganos del Estado.

La democracia, que es un sistema político de vida para los ciudadanos, muchas veces incomprendido, particularmente en Latinoamérica, ha estado sometida a toda clase de amenazas, principalmente por oportunistas cuyo único interés es el abuso del poder para beneficio propio y de sus cercanos. Pero también ha tenido la virtud histórica de ser un corrector de esas conductas a través de los distintos medios legales que las legislaciones de los países ofrecen y de una comunidad internacional que cada vez está más atenta al abuso político.

El 6 de enero de este año, en ocasión de conmemorarse un año del asalto al Capitolio por una turba azuzada por el expresidente Donald Trump, el presidente Biden en respuesta a las preguntas de los periodistas sobre por qué no mencionó a Trump durante su discurso, se refirió a ese sentimiento. "No se trata de mí. No se trata de la vicepresidenta. Realmente no lo es. Eso es lo que más me molesta del tipo de actitud que parece estar surgiendo hasta cierto punto en la política estadounidense... No se trata de mí. No se trata de que yo sea presidente y ella vicepresidenta. Se trata del sistema y de alguien que intenta ponerse por encima de todo".

El Salvador, a 30 años de haber conseguido la paz, redefinió su camino hacia la democracia, hacia la independencia de poderes, hacia un respeto irrestricto a los derechos humanos basado en vivir un auténtico Estado de Derecho, en donde las instituciones políticas estuvieran al servicio de todos, mayorías y minorías, y principalmente que ningún individuo pueda estar por encima del sistema Republicano. Todavía es tiempo de corregir el rumbo, tengo fe que pueda hacerse, de lo contrario nuestra amada patria y los pobres, principalmente, seguirán sufriendo el drama social y económico que a diario soportan.

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