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Los ricos también lloran

Es bueno recordar la historia para no volver a repetirla, y podamos reparar y recomponer el país con protagonistas mejor preparados.

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Óscar Manuel Batres B. - Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Los ricos también lloran

El análisis de los problemas sociales que necesitan resolver los países se centran en lo que se tiene que hacer para aliviar las necesidades que tienen los sectores que viven en las condiciones más precarias para asegurarles mejores condiciones de vida y oportunidades de desarrollo y movilidad social. Nadie tiene dudas que así debe ser, pero son las condiciones por las que lucha cualquier persona, y es lo que genera las energías que impulsan el desarrollo de un país. Por eso no se pueden descuidar y mucho menos menospreciar las necesidades y condiciones que tienen y requieren otros sectores para desarrollarse, y para seguir produciendo y generando más riqueza.

Cada sociedad vive y experimenta condiciones propias que marcan y definen su evolución histórica donde se presentan factores que la hacen avanzar o retroceder, generar riqueza y bienestar, o por el contrario sufrir pérdidas que provocan pobreza, precariedad y sufrimiento. Todo depende de la forma en que se han formado, preparado y desarrollado las capacidades y los valores que los ciudadanos necesitan para superarse y relacionarse en la sociedad, y dentro de las organizaciones a las que pertenecen. La capacidad de hacerlo dependerá de la calidad y la capacidad que tengan los liderazgos y dirigencias nacionales en todos los ámbitos de la sociedad para visualizar y aprovechar las oportunidades y los riesgos que se presentan.

La falta de sensibilidad social a nivel de las élites que influenciaban la forma en que se conducía el país y se trataban los problemas nacionales, sumado a que llegaron a apoyar regímenes autoritarios que desconocieron y menospreciaron las demandas sociales, provocaron los conflictos internos que hicieron tomar medidas atolondradas que ocasionaron que se perdieran grandes capitales, y principalmente la capacidad para continuar generando y acumulando riqueza para seguir invirtiendo para mejorar nuestros niveles de competitividad y productividad. La situación de la caficultura nacional sirve para representarlo. El país llegó a ser el tercer productor de café más grande del mundo después de Brasil y Colombia. Ahora tenemos una posición irrelevante en el mundo, y tenemos la producción más baja en Centroamérica.

También en otros sectores de la economía sufrimos pérdidas importantes para seguir generando riqueza e inversión nacional. La mayor parte de empresas emblemáticas que un tiempo fueron ejemplo de la pujanza, iniciativa y liderazgo que tuvimos en Centroamérica se vendieron a empresas extranjeras. Solo a manera de ejemplo estamos hablando de la principal productora de cerveza y embotelladora de gaseosas, la productora de cemento y la productora de café instantáneo. En Guatemala y Costa Rica, empresas que se dedican a las mismas actividades las conservan los mismos grupos empresariales que las originaron, y se siguen expandiendo y haciendo inversiones en otro tipo de actividades. No necesitaron venderlas para diversificarse, expandirse y modernizarse. La misma situación provocó que se desintegraran o desaparecieran importantes grupos empresariales donde se acumulaban e integraban capitales y energías para seguir produciendo y creciendo en el país.

No todo se puede atribuir a los conflictos sociales, la guerra, la falta de mano de obra calificada y el tipo de gobernantes que hemos tenido, y seguimos teniendo. Esas serían explicaciones superficiales, reductivas y conformistas. Guatemala, con excepción de la nefasta reforma agraria y nacionalización del sistema bancario (revertida posteriormente), también tiene y ha pasado por circunstancias similares pero ha tenido la capacidad de adaptarse, sobreponerse, reconvertirse y superarse.

En los libros de historia que relatan la historia de El Salvador es común encontrar el mítico relato que explicaba que las estructuras económicas del país las manejaban y controlaban 14 familias. Todavía podemos hacer un repaso para recordar sus apellidos, y los nombres de los representantes más emblemáticos de las primeras generaciones. La mayor parte se diluyeron o perdieron relevancia y protagonismo. Los pocos que han quedado, ahora se dedican a vender terrenos, casas, apartamentos y locales comerciales; perdieron o vendieron las empresas que generaban producción y riqueza. Por eso es que decimos que los ricos también lloran, y todo el país con ellos.

Es bueno recordar la historia para no volver a repetirla, y podamos reparar y recomponer el país con protagonistas mejor preparados, más comprometidos y conscientes de lo que se necesita para progresar con estabilidad y seguridad.

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Tags:

  • ricos
  • empresas
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  • caficultura

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