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Felicidades, abogados

Estos tiempos exigen a los abogados defender la Constitución, proteger el principio de alternabilidad en el ejercicio de la presidencia (que prohíbe la reelección), velar por los derechos fundamentales.

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El jueves 30 de junio se celebra el Día del Abogado. Es un buen momento para reivindicar que el camino de la civilización es el Estado de Derecho y un gobierno de leyes. El camino de la fuerza bruta, del poder por el poder, de un régimen de hombres y no de leyes, es el camino que dirige a la barbarie.

Uno de los más prominentes miembros del Centro de Estudios Jurídicos, el doctor René Fortín Magaña (QEPD), cuando en 2013 recibió una distinción, hizo en su discurso un magistral recorrido del papel del Derecho en la historia de la civilización. Comenzó en la Grecia antigua y terminó en El Salvador de este siglo. Su discurso terminó así: «La vida es lucha, y la lucha por el derecho no termina nunca. Todo derecho en el mundo debió ser adquirido por la lucha -dice, de nuevo, Ihering-, esos principios de derecho que están hoy en vigor ha sido indispensable imponerlos por la lucha a los que no los aceptaban; por lo que todo derecho, tanto el derecho de un pueblo con el de un individuo, supone que el individuo y el pueblo están dispuestos a defenderlos».

Esas mismas palabras las escribirían años después el economista turco Daron Acemoglu y el politólogo James A. Robinson -más reconocidos por su popular obra "Por qué fracasan las naciones"-. En su más reciente libro, "El corredor estrecho", dicen: «La libertad necesita del Estado y de las leyes. Pero esta no es entregada por el Estado o las élites que lo controlan. Es tomada por la gente común, por la sociedad. La sociedad necesita el control del Estado para que proteja y promueva la libertad del pueblo (…) La libertad necesita una sociedad movilizada que participe en política, que proteste cuando sea necesario, y que vote para sacar al gobierno del poder, cuando pueda».

Las palabras del doctor René Fortín y de los académicos Acemoglu y Robinson nos recuerdan el llamado que nos exige nuestra digna profesión. Aquellos que se dedican a violar los derechos fundamentales, destruir la Constitución y derribar el Estado de Derecho no necesitan abogados. Para lograr esos propósitos se requieren mercenarios y tartufos. Los abogados se necesitan para defender el Derecho. Los abogados defienden los derechos e intereses de los clientes desde el Derecho, y no desde el tráfico de leyes, resoluciones y sentencias; eso es tarea de mercaderes y lobistas, no de abogados.

Estos tiempos exigen a los abogados defender la Constitución, proteger el principio de alternabilidad en el ejercicio de la presidencia (que prohíbe la reelección), velar por los derechos fundamentales. Como nos recordaron Fortín, Acemoglu y Robinson, no será ni el Estado ni las élites que lo controlan quienes desde su benevolencia nos entregarán un gobierno de leyes y no de hombres.

El Estado de Derecho, ese avance de la civilización humana, siempre y en todo lugar se ha conseguido a base de exigencia desde la sociedad, de toda la sociedad. Hoy un buen momento para recordar que los abogados tenemos un especial llamado a defenderlo, a construirlo. Los abogados salvadoreños vivimos en una época especial. Ser abogado en tiempos en que el Estado de Derecho funciona es bueno. Ser abogado en tiempos en que no existe el Estado de Derecho es un privilegio.

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