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El precario balance democrático, mérito de la conciencia ciudadana

La mera posibilidad de perder el poder, de reversión del orden jurídico e institucional a su punto de partida, de que la corrupción que la Fiscalía General de la República investigaba salga a la luz, mucha de ella con dinero internacional, es inquietante para el régimen y sus peones.

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Ayer se planteó que el gobierno se aproxima a su medio término en medio de la erosión de su imagen como resultado de la incongruencia de su discurso electoral versus sus prácticas, incluida la de un nepotismo grosero, falta de transparencia y los efectos connaturales a la pandemia en la economía, la presión sobre los servicios básicos y el paulatino pesimismo sobre el futuro entre la población.

Para otros regímenes, esas consecuencias de la crisis sanitaria y de la mayoritariamente insatisfactoria gestión de los planes de contención y reacción ante la enfermedad así como el de vacunación serían secundarias leyendo el contexto internacional. Pero para un gobierno como el salvadoreño, peculiar en tantos sentidos, es una crisis indiscutible. Es el de Bukele un gobierno que se sustenta sobre un partido GANA que no tiene arrastre popular y sobre un Nuevas Ideas que aunque resultó ser la bandera con más marcas en su debut electoral, se encuentra en una fase incipiente de su desarrollo territorial, con liderazgos todavía no consolidados en muchos municipios, y con diputados que son desconocidos para la nación exceptuando aquellos a los que Casa Presidencial les ha asignado alguna tarea relevante. Sobre este aspecto, es tal la desesperación por hacerse notar de varios de estos novatos y novatas de la política que no desechan ninguna oportunidad; si la Secretaría de Prensa no les autoriza ir a entrevistas ni siquiera a los medios oficiales, los vemos sonriendo al teléfono en sus redes sociales, al menos ahí pueden promoverse sin pedir permiso. Todavía.

El oficialismo continúa gozando como único patrimonio con el capital político del presidente; los demás, sin excepción, han perdido enteros en ese orden. Y si todas las naves se apuntaran hacia la inconstitucional campaña de reelección del mandatario, las críticas a su administración, que se puede resumir en autoritarismo a los ojos de América, despilfarro en el peor momento de la pandemia, autosabotaje a la economía, inmersión del gasto público en las sombras y alienación de los cuerpos de seguridad y Fuerza Armada, son un asunto de máxima gravedad. La mera posibilidad de perder el poder, de reversión del orden jurídico e institucional a su punto de partida, de que la corrupción que la Fiscalía General de la República investigaba salga a la luz, mucha de ella con dinero internacional, es inquietante para el régimen y sus peones.

Una de las peores herencias de esta administración será el agravio democrático, que alcanzó su cenit durante la campaña de diputados y alcaldes y el primer mes de su gestión. Desde entonces, aunque el clima de animadversión hacia la democracia, el disenso, el debate y la rendición de cuentas ha continuado, la sociedad ha reaccionado de un modo prometedor. No se trata sólo de las marchas, cuya heterogeneidad es un ingrediente pocas veces visto en el tránsito histórico de la dictadura a la democracia. Las expresiones de apoyo civil a la contraloría social, a la necesaria independencia de poderes, al periodismo independiente, han ido en aumento. En lo cotidiano, la deficiente gestión de Bukele y lo lejano de su discurso con la realidad de las mayorías se convierte diariamente en una conciencia más crítica.

Ese saldo no se traducirá obligatoriamente en movimiento político, en caudal electoral contra el régimen; es temprano para hacer esa consideración y es obvio que a los opositores al gobierno les hace falta un vehículo adecuado. Pero el volumen de ese descontento, de esa liberación de las conciencias ante la gran mentira que ha sido este presidente, es el único contrapeso real que mantiene todavía algunos modos democráticos en El Salvador.

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Tags:

  • conciencia ciudadana
  • gobierno
  • presidente
  • agravio democrático
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