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Biden invoca a la democracia como reflexión para la región

Si esas incursiones temerarias de los países centroamericanos concluyen en un eventual naufragio económico, en la destrucción de la democracia y en la transformación de algunas repúblicas en dictaduras o regímenes represivos con discurso pseudodemocrático, lo que le sigue son ayes que recorrerán como dominó la franja que va de Choluteca hasta el río Bravo. Es que si algo le ha enseñado la historia a los estadounidenses es que las crisis políticas y económicas de estas naciones se transforman rápido en crisis humanitaria en su frontera.

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En su declaración inicial en la Cumbre de las Américas, el presidente estadounidense sostuvo que "la democracia ha sido un sello distintivo de nuestra región" y pidió a las naciones que "renueven nuestra convicción de que la democracia no es solo la característica definitoria de la historia", sino el "ingrediente esencial".

Suena como una afirmación propia de la política convencional, hasta insípida en un contexto ordinario pero por los tiempos que corren por América Latina, especialmente en el Triángulo Norte, también puede interpretarse como un llamado a la reflexión y una invitación.

Estados Unidos atraviesa un momento complicado: los vaivenes políticos que sufre desde hace poco menos de una década erosionaron su liderazgo en la región y además, sus ansiedades y urgencias en el tema migratorio le han alejado de sus aliados más tradicionales en el hemisferio.

A eso cabe agregar que la pandemia allanó el camino para que algunas administraciones en Centroamérica y el Sur del continente se replantearan su relación con la República Popular China y cedieran a la diplomacia de las vacunas del gigante asiático. Ese giro al mismo tiempo soberano y pragmático de ciertos gobiernos, sumado al autoritarismo y alineación abiertamente antinorteamericana de las dictaduras venezolana, nicaragüense y cubana, se yergue como una alambrada para el gobierno de Biden.

Todo lo que ocurre en la Cumbre es un signo pero también un síntoma. Que los Estados Unidos de América no invitaran a los dictadores pese a que esa consideración tendría consecuencias es un signo del análisis con que la administración Biden se aproxima a la subregión, convencida de que si no hay democracia, Estado de derecho ni institucionalidad, no valdrá la pena invertir en desarrollo humano. Aun si el único modo de combatir el flujo migratorio a largo plazo es respaldando a los gobiernos amigos en su enfrentamiento con la pobreza, la marginalidad y la violencia, Biden y su gabinete han concluido que es dinero desperdiciado si no hay un compromiso con la transparencia ni voluntad de rendir cuentas.

Pero que México no asistiera a la Cumbre en retaliación es un síntoma. Ya sea por la vía del populismo, del principio de no alineamiento o de las convicciones ideológicas, lo cierto es que hay una desconexión más poderosa de lo que parece con la potencia del hemisferio, con sus necesidades y sus propósitos. A diferencia de hace tres décadas, cuando se daba por entendido que abrevar en las mismas aguas con los Estados Unidos de América era asumir una posición a favor del desarrollo, un componente estratégico de cualquier política de seguridad nacional así como una garantía en las eventuales tratativas con los organismos multilaterales, ahora es sólo una de entre varias opciones para potencias como México o Brasil.

A la administración Biden le preocupa esa tensión con los gigantes latinoamericanos pero el aparente empecinamiento de los gobiernos del Triángulo Norte de aventurarse por atajos a su crisis económica, aun cuando les relacionan con contendientes y hasta enemigos de los Estados Unidos de América, no es una cuita menor.

Si esas incursiones temerarias de los países centroamericanos concluyen en un eventual naufragio económico, en la destrucción de la democracia y en la transformación de algunas repúblicas en dictaduras o regímenes represivos con discurso pseudodemocrático, lo que le sigue son ayes que recorrerán como dominó la franja que va de Choluteca hasta el río Bravo. Es que si algo le ha enseñado la historia a los estadounidenses es que las crisis políticas y económicas de estas naciones se transforman rápido en crisis humanitaria en su frontera.

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Tags:

  • Cumbre de las Américas
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