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Fábrica de ataúdes de Izalco está construyendo 60 féretros al mes y no logra cubrir la demanda

El dueño del pequeño taller dijo a La Prensa Gráfica que el año pasado tuvo que contratar más personal para cubrir la demanda, igual que a finales de agosto, septiembre y los días que van del mes de octubre.

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Se multiplica demanda de ataúdes por incremento de fallecidos por covid-19

La pandemia del covid-19 ha tenido un repunte en las últimas semanas en El Salvador, desde finales de agosto, septiembre y en los días que van del mes de octubre. Esto lo confirman los fabricantes y dueños de funerarias de varios municipios del gran San Salvador, al igual que el dueño de un taller ubicado en la ciudad de Izalco, departamento de Sonsonate.

Foto de LA PRENSA/Jorge Carbajal

Si bien los meses de junio y julio de 2020 fueron los más exigentes para el personal de dicho taller, desde finales de agosto, septiembre y lo que va de octubre la demanda de ataúdes se ha incrementado. El propietario del negocio, Carlos Alexis Fuentes, dijo que si bien tiene presta servicios de funeraria y sala de velación, por el momento se ha centrado en fabricar féretros.

"Los que hago no son exclusivos para enterramientos de personas con covid-19; nosotros los hacemos normales, tanto del tamaño estándar como del más grande, con su ventanita, adornos, y detalles, pero en ellos se puede enterrar a quien sea", comentó Carlos Alexis. En estos momentos se le han enfermado dos colaboradores y solo está trabajando con tres de ellos, más él que se ha unido al grupo de trabajo para poder satisfacer la alta demanda que hay desde hace varias semanas; el promedio que están fabricando al mes es de 60. La cifra es alta, tomando en cuenta el tamaño del taller y del personal que trabaja en el lugar, pero en lo más duro de la pandemia en 2020, llegaron a construir hasta 90 féretros o más.

Foto de LA PRENSA/Jorge Carbajal

Si bien los ataúdes no se fabrican de madera desde hace varios años, sino que se hacen de durapanel, que es madera comprimida, la cual es importada de Guatemala, la construcción tiene que llevar un proceso determinado, ya que es un cuerpo humano el que se va a depositar en el cofre, y debe de tener medidas específicas, tanto de ancho como de largo, así como el proceso de pegado, clavado, preparación, pintado y decoración interna y externa, para luego ser llevado a la funeraria o al cliente que lo ha solicitado.

Foto de LA PRENSA/Jorge Carbajal

Según Carlos Alexis, por el momento solo trabajan de día, desde las 6:00 de la mañana hasta las 5:00 ó 6:00 de la tarde. "No se puede estar trabajando de noche, por los vecinos, ya que se corta, se pinta, se hace ruido", agregó. Él emprendió en la fabricación de ataúdes luego de quedar desempleado hace 15 años.

Foto de LA PRENSA/Jorge Carbajal

El precio de los pliegos de durapanel ha subido por la demanda, incluso el precio de la libra de clavos, pinturas, telas para adornar los féretros, en general todo, sin mencionar que el durapanel está escaso a nivel nacional. "Aquí me están viniendo a comprar durapanel desde Jucuapa, Usulután. Allá hay varios talleres que fabrican ataúdes, y como hace unos días logré comprar varios pliegos, los he estado vendiendo para que ellos también puedan seguir trabajando, ya que de esto vivimos', agregó. 

Foto de LA PRENSA/Jorge Carbajal

Konny de Fuentes es la esposa de Carlos Alexis y ella es quien se encarga de adornar los ataúdes cuando ya están pintados. "Yo me encargo de forrar los ataúdes cuando ya están terminados y en estos momentos hay días pesados, en los que debo sacar hasta siete ataúdes, estamos casi como en lo más duro del año pasado", explicó la madre de familia de 40 años. 

Foto de LA PRENSA/Jorge Carbajal

En el caso de los entierros por covid-19, toda la decoración no cuenta mucho, ya que los cuerpos van en dos bolsas de lona, las cuales se cierran con un zíper. "A los que se entierran por covid-19 se embalan con el plástico que conocemos como film. El cuerpo va adentro con las dos bolsas con zíper y luego el ataúd se forra con el plástico film, a la vez que el ataúd va clavado. Es todo un protocolo, y para ello recibimos capacitación de Protección Civil", agregó Konny  de Fuentes.

Foto de LA PRENSA/Jorge Carbajal

Los miembros de la familia Fuentes adquirieron el virus en lo más duro de la pandemia, el año pasado, pero luego de varios meses de experiencia y de la nueva realidad que se vive en El Salvador y el mundo, han tenido que adaptarse. "Cuando comenzó la pandemia no queríamos vender ataúdes a personas con covid-19, teníamos miedo, y toda nuestra familia se enfermó, adquirió el virus. 

Foto de LA PRENSA/Jorge Carbajal

Hoy, enfrentamos la situación, pero a los niños los mantenemos alejados, protegidos, y nosotros con mi esposo trabajamos desde aquí, del taller", finalizó Konny. 

Foto de LA PRENSA/Jorge Carbajal

Una de las funerarias más grandes del país, la funeraria Molina es a la que más ataúdes le proveen en estos momentos ya que son clientes de siempre, pero según los esposos Fuentes, la demanda es grande y cada día llaman o mandan mensajes solicitando ataúdes y durapanel para seguir fabricando los cajones.

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